Mi amigo Díaz-Canel

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Ignacio Giménez es un especialista en mercadotecnia. Conoció Cuba hace 20 años cuando llegó a La Habana para impartir cursos a gerentes de la cadena hotelera Gran Caribe. Allí conoció al actual premier cubano con el que estableció una “sincera amistad”, incluso cuando cayó en desgracia y tuvo que salir corriendo de la isla.
Giménez se plantea regresar a Cuba para ayudar a su “amigo” a organizar la transición y las nuevas elecciones pluripartidistas, organizadas por Díaz-Canel, que tendrán lugar en diciembre de este año.
Este es su texto que reproducimos
No quería escribir antes de la oficialización definitiva del nombramiento de Diaz-Canel pero ando apuradísimo de tiempo y no puedo demorarme más. Lo que voy a comentar sería poco creíble si lo dijera ahora por primera vez pero afortunadamente en 2015 me publicaron un libro donde lo cuento todo, su título es “Mi Casa Grande en La Habana” y la editorial que me lo publicó es la misma que publicó compartiendo colección la obra de Leonardo Padura de ese año.
No crean que estoy haciendo propaganda, es que en ese libro está escrito lo que ahora repito: El nuevo Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, es mi amigo.
No es un conocido, es un amigo de los de conversar todas las semanas, de los de hacer por encontrarnos donde sea siempre que podemos, de los de bajar la guardia y hablar con sinceridad, de los de saber guardarse secretos, de los de hablar de política y de muchas cosas más, de los de apoyarse en los puntos coincidentes entre tantos alejados, de los de respetarse desde la divergencia y los caminos que el destino prepara. Y puedo asegurar que es una persona inteligentísima y muy amiga de sus amigos.
En 2015 revelé nuestra amistad en aquel libro, pero nuestra relación viene de mucho más lejos y fraguó en amistad sincera cuando él se desempeñaba como Ministro de Educación Superior. Cuando yo tuve problemas gravísimos que acabaron con mi expulsión de la isla él jamás renunció ni a mi amistad ni a seguir en contacto conmigo. Por eso sumo a su inteligencia la apreciación de su valentía.
Para muchos nada cambia, para mí supone que la Presidencia pasa de quienes me expulsaron a quien me aprecia de corazón. Sé que no está solo, que está mediatizado por elementos que aún pervivirán poco tiempo alrededor suyo más para calmar los ánimos internos dando imagen de continuidad que para frenar la voluntad de emprender un cambio transitivo a la democracia.
Cuando Alejandro dejó de ser una posibilidad, Miguel y yo conversamos y tuvimos la misma impresión de haber trabajado desde dos frentes muy distintos para evitar el colapso inmovilista que hubiera desembocado en una rebelión segura.
En aquel momento supimos que volveríamos a encontrarnos muy pronto para comenzar el camino definitivo del cambio desde nuestra amistad tan lejana desde la observación externa como sólida desde las vivencias internas. Precisamente esos elementos que supimos encontrar para fortalecer nuestra amistad son los mismos con los que vamos a echar el forjado sobre el que levantaremos el hormigón para la construción del nuevo edificio llamado respeto, justicia y libertad.
Ayer lo escribí, ya tengo mi pasaje para volar a la isla, estoy deseando llegar para ponerme a trabajar con quien mi amigo díga para encontrar cuanto antes a quien sí sea elegido por la voluntad del pueblo en competencia libre.
Miguel es muy inteligente y sabe que para ser demócrata le falta el ‘pequeño detalle’ de haber sido elegido libremente por el pueblo, lo que él nunca podrá lograr porque esa victoria se la voy a arrebatar yo. Sé que entonces se alegrará.

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